Después de la noticia de la cesión temporal de poderes de Fidel Castro a su hermano Raúl, se ha desatado la especulación sobre el futuro de Cuba y una posible transición hacia la democracia. Para todos los cubanos, y los no cubanos interesados, debemos centrarnos un poco más en la historia de Cuba y saber como hemos llegado hasta aquí y algunos por qué de la realidad cubana. Estoy un poco cansado de oír y leer opiniones con los mismos viejos argumentos tanto dentro de la isla como en el exilio. Hay que aclarar que Cuba lleva más de 200 años de transición a una república democrática y jamás hemos abandonado el ideal que se gestó desde el Padre Varela y por el que más tarde se inició la lucha por la independencia. Después que se aprobó el Tratado de Paris en 1898, una vez terminada la guerra hispano-cubano-americana, (nótese que en París sólo se reunieron España y los Estados Unidos y que ningún líder cubano fue jamás invitado), Cuba tuvo casi inmediatamente una intervención militar estadounidense hasta 1902, que volvió a repetirse más tarde de 1906 a 1909. Y para cuando se aprobó la primera constitución en 1901, el Congreso de los Estados Unidos, curiosamente, aprueba una ¡Enmienda Platt a nuestra constitución nacional! En ella, se adjudicaron el derecho de intervenir en los asuntos del país cuando les viniera en gana, así como el derecho de arrendar tierras para minas carboneras y bases navales. El gobernador estadounidense, General Leonard Wood dejó muy claro en 1902, que era preferible aceptar una independencia con restricciones que perpetuar la ocupación militar. Así, después de varias votaciones en contra por parte de la asamblea constituyente cubana, se vota a favor, porque no nos quedaba más remedio si queríamos poner fin a la onerosa ocupación. Para más INRI, los presidentes de la República de Cuba, con honrosas excepciones, durante los siguientes 50 años no hicieron más que pelearse como buitres para quedarse con el botín, el tesoro público. Hay que decir, además, que los Estados Unidos llegó a controlar económicamente el 90% de las minas cubanas, el 80% de los servicios públicos, el 50% de los ferrocarriles, el 40% de la producción de azúcar y el 25% de los depósitos y transacciones bancarias, además de que el resto de los bienes iban a parar al bolsillo de los políticos y a la oligarquía financiera cubana. Cuando en junio de 1952, el pueblo cubano, ya harto, parecía que iba a votar a uno de los pocos partidos que denunciaba los desmanes y males de la República y a sus ladrones, y pretendía cambiar la situación, (el Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo), Fulgencio Batista da un golpe de estado en marzo de 1952, antes de que se celebraran las elecciones, arrebatando la valiosa oportunidad que el pueblo cubano tenía. Batista suspendió las garantías fundamentales de la Constitución de 1940, y estableció una de las más sangrientas dictaduras que Cuba conoció. En 1956 comenzó la guerra civil, la revolución, en la que, tenedlo bien claro, todo el pueblo de Cuba, y no sólo Fidel Castro, luchó para poder cambiar la situación desesperada en que vivía el país. Al triunfo de la revolución, el 1 de enero de 1959, Fidel Castro tomó medidas urgentes que el país necesitaba, pero, todo hay que decirlo, acusó y excluyó a todo aquel que tenía diferente opinión política respecto a lo que él creía que debería ser la nueva república, lejana al principal motivo de lucha de muchos cubanos demócratas por restituir una república democrática, alejando la corrupción y los males que azotaron a las dos primeras repúblicas, y deshacernos de una vez por todas de la onerosa ingerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos del país. Hay que decir que el gobierno de Fidel Castro logró alejar con creces la influencia estadounidense, está más que claro, y establecer un sistema de educación y de sanidad pública, junto a un paquete de leyes sociales que cambiaron la realidad cubana positivamente. Tampoco debemos olvidar todas las violaciones a los derechos humanos y a los derechos y libertades fundamentales que sistemáticamente ha sido la tónica del gobierno actual. Debemos decir también que la reacción de los Estados Unidos a la pérdida de sus intereses económicos en la isla, fue establecer el embargo que ha padecido el país durante los últimos 47 años, y la oposición en el exilio cuya presión, que no fue nada conciliadora sino bastante agresiva, hicieron que el pueblo cubano pasara penurias, y que el gobierno revolucionario recrudeciera en muchísimas ocasiones la ya penosa situación, tomando medidas represivas a toda voz que denunciara sus arbitrariedades. Cuba vivió varias cacerías de brujas contra poetas, periodistas y escritores por atreverse a denunciar sistemáticamente estas arbitrariedades, sumado a los juicios sumarísimos, mal preparados, y sin tiempo a reunirse las pruebas necesarias. O sea, el gobierno denuncia, y el gobierno provee abogados, que no tienen ningún tiempo para preparar un juicio decente, para que defiendan a sus propios acusados, que no tienen ninguna oportunidad de ser absueltos y que desde el principio están ya condenados. Por mucho que el gobierno lo niegue, hay más de trescientos presos de conciencia. A todo esto, una parte de los que conforman la oposición en el exilio sigue echando más leña al fuego y se oponen vehementemente a que los Estados Unidos levanten el embargo económico más largo de la historia, cuando ya está más que comprobado que a los únicos que afecta es a la totalidad del pueblo cubano, que no a su gobierno, y está más que claro que el gobierno cubano no renunciará precisamente por el embargo, aunque este dure mil años. En el gobierno de los Estados Unidos ha habido, y hay personas e instituciones que han pedido a su gobierno que levante el embargo pero, una vez más, el lobby del exilio, y su peso electoral presiona para que el gobierno estadounidense siga con el embargo en pie. Es hora que el exilio cubano piense en tomar la iniciativa de la reconciliación nacional, que se sepa que muchos han dado ya este paso, si es que quieren realmente un cambio democrático en Cuba. Deberían pedirle al gobierno de los Estados Unidos que levante el embargo, al tiempo que se trabaje profundamente para la reconciliación nacional entre todos los cubanos, haciendo a un lado su odio ancestral, y acercándose a sus hermanos, padres, hijos, tíos, sobrinos y primos que viven del otro lado del Estrecho de la Florida. Así el gobierno cubano no tendrá ya más motivos para seguir utilizando la misma política desde hace 47 años. Por su parte el gobierno de los Estados Unidos, debe buscar a partir de ese momento acercar posiciones y reanudar relaciones normales con el gobierno de Cuba, sin interferir en el diálogo, ni en el posible proceso de democratización que Cuba debería seguir. Y cuando este proceso comience, no valen juicios sumarísimos ni licencia de tres días para matar, como piden algunos. Si queremos construir una verdadera democracia deben hacerse valer, desde el mismo instante en que comience el proceso, el estado de derecho y el imperio de la ley, sino estaremos luchando por una democracia durante otros cien años más, cargando por más tiempo la vergüenza y la profunda tristeza por no haberlo conseguido.
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sábado, 12 de enero de 2008
Cuba: Una Transición Movimiento
Carta Abierta a Manuel Cuesta Morúa
Querido Manuel Cuesta Morúa:
Como cubano interesado en los temas que nos conciernen como nación, he estado muy al tanto de los acontecimientos que se suceden en nuestro país, y de todas las voces que desde el interior de Cuba se han levantado como respuesta a la problemática que el gobierno cubano ha generado a lo largo de sus casi 50 años de existencia. Debo confesar que he leído más sobre Cuba en los 14 años que llevo fuera que en los 26 años que viví en la Isla, tanto de su historia y su literatura, como de la lucha por conseguir una democracia que nos asegure y permita nuestra independencia y soberanía, y crear un proyecto de nación que sea viable para todos y por el bien de todos. He llegado a la convicción que no puedo seguir anónimo y semi-ajeno, al leer las palabras de Pérez Roque en la O.N.U. cuando dice que Cuba estaría dispuesta a renunciar a la soberanía y a la bandera por la que tanto ha peleado, porque en ellas se compromete nuestra independencia, y nos impide crear un proyecto de nación a la medida de la aspiración de todos los cubanos. Si bien no estoy en contra de que Cuba forme un bloque con las naciones Iberoamericanas y Caribeñas, en mi opinión este bloque debe respetar unos ritmos, comenzando por un proyecto económico común que incluya reformas democráticas y de participación para luego ir avanzando, como naciones separadas, hacia otro tipo de unión. La economía cubana está tan maltrecha, y su modelo político tan agotado, que sería contraproducente y dañino para el país si nos sumamos a la descabellada idea de Nación Americana a la que quieren llegar el Sr. Chávez y sus aliados en el gobierno cubano.
Hace un par de días, he visto en internet un listado de todas las organizaciones disidentes cubanas dentro del país, y su número es tan abrumador, que cuesta trabajo llevarse una idea de las tendencias políticas por las que marcha la disidencia interna, a la vez que personaliza la acción política de un modo notable. En mi humilde opinión de observador anónimo, hasta ahora, creo que es hora de que las diferentes personalidades de la disidencia, tomen menos en serio su protagonismo político, en aras de la unidad por la democratización y la libertad de Cuba. No seremos capaces los cubanos de llevar proyecto coherente alguno, mientras esta situación prevalezca. Ese larguísimo listado de asociaciones, partidos, organizaciones, sindicatos independientes, etc, debería buscar la unidad con sus afines y crear cinco o seis bloques, según su ideología política, llevar a cabo elecciones para crear su estructura como partido, con sus estatutos y reglamentos, y que esos cinco o seis partidos constituidos, se asocien todos en un solo bloque para que sea efectiva una acción conjunta de la sociedad civil cubana y podamos llevar a cabo, juntos, la democratización que nuestro país debería seguir, junto a un proyecto de nación coherente. Mientras continúen levantándose voces dispares y débiles a lo largo y ancho del territorio nacional, más lejos estará el triunfo del objetivo común que todos queremos propugnar, y creo que ese momento no debe continuar dilatándose interminablemente, pues cada día que pasa estarán aún más en juego la democracia, la libertad, la independencia y la soberanía de Cuba, y con ellas las más altas aspiraciones de nuestro pueblo.
Dentro de todas las organizaciones opositoras que existen en nuestro país, creo que Arco Progresista, de la que usted es insigne portavoz, es la que me parece más coherente con la política que proclama, y a la que yo me afiliaría por afinidad política. Si me permite expresar mis ideas y sueños realizables, Arco Progresista podría agrupar a todos los movimientos, organizaciones o partidos de izquierda moderada y crear un partido socialdemócrata, con su estructura, sus estatutos y reglamentos y, conminando con su ejemplar paso a otros grupos, asociaciones y movimientos de otras ideologías a hacer lo mismo. Es mucho más fácil y razonable llegar a acuerdos con otros grupos si el número de interlocutores desciende ventajosamente. Así se podría crear una unidad que, si bien no es ideológica, sí expresa un consenso fiable y definido de lucha política para conseguir el objetivo de una Cuba democrática. Esto sentaría las bases de una práctica democrática, y de una cultura del consenso que los cubanos parecemos haber perdido, al creer solucionar, durante el siglo XX, nuestros problemas como nación entre desacuerdos, posturas políticas poco claras y guerras civiles. Creo que la creación de cinco o seis partidos, aunando cada uno a los grupos de mismo signo ideológico, para luego crear entre todos un pacto por la unidad de la sociedad civil cubana, que trabaje con seriedad y transparencia, lograría la credibilidad que se necesita para que el pueblo cubano en su conjunto confíe en que hay una alternativa real y concreta al gobierno actual y abandone sus dudas y desconfianzas en un movimiento opositor que hasta el momento se ha mantenido fragmentado y débil. Asimismo las organizaciones, grupos, movimientos y partidos del exilio deberían, según su ideología, afiliarse a estos partidos de la oposición interna de Cuba, demostrando que los cubanos somos capaces de apartar nuestros pequeños intereses personales en pos de la unidad y reconciliación nacional para crear un proyecto de nación largamente esperado. Sólo así podremos alcanzar una Cuba democrática, para todos y para el bien de todos.
En las ideas que he ido madurando a lo largo de mi vida de vocación socialdemócrata, me gustaría ayudar en lo que sea posible para cumplir los objetivos de democratizar la sociedad cubana. Me gustaría que, en la medida de su limitadísimo tiempo, podamos tener un intercambio por este medio. Le animo a que cuente, en lo que quiera, con mi modesta contribución.
Un saludo,
Gonzalo Valdés-Busto de Iznaga.
