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martes, 13 de abril de 2010

Refrescando la Memoria (Histórica): Los Cubanos contra el Franquismo

He estado observando y leyendo durante todos estos últimos meses, después de la muerte del preso de conciencia Orlando Zapata Tamayo la reacción internacional de repulsa ante las violaciones de los derechos humanos por el gobierno cubano. Amén del debate que ha suscitado entre los políticos, no he visto ninguna manifestación de apoyo del pueblo español a los cubanos demócratas. ¿Quizá deberíamos refrescarles la memoria?

Huelga decir que la participación de cubanos en la Guerra Civil Española fue importante, en un momento difícil para Cuba en una situación delicada porque recién había terminado la lucha que había derrocado a la dictadura del General Gerardo Machado, llamada Revolución de 1933, que dio lugar a varios gobiernos provisionales, manteniéndose en esta situación hasta 1940, con el establecimiento de su segunda Constitución. Amén de esta amplia presencia cubana en el Ejercito Popular Republicano (EPR) de obreros y estudiantes que se encontraban exiliados en España por su participación en la lucha contra el machadato, llegaron a Barcelona y a Madrid muchos voluntarios procedentes de la Isla para dar su apoyo y hasta sus vidas en el frente contra los nacionales. En Cuba se creó una plataforma muy sólida de ayuda la república española, la "Asociación Nacional de Ayuda al Pueblo Español" y fue en esta entidad creada por las organizaciones cubanas en la que pusieron su esfuerzo los españoles partidarios de la República, aceptando desde el inicio del conflicto que la eficacia de esta plataforma de trabajo era incontestable con el envío de cuantiosa ayuda material y el reclutamiento de voluntarios como meta.

Después del triunfo de Franco en España, múltiples instituciones culturales, entidades obreras, juveniles, estudiantiles y cívicas evidenció el clima de hostilidad en la Isla hacia el franquismo, y las denuncias de amplios sectores no se hicieron esperar, a pesar de que tanto el gobierno constitucional de Fulgencio Batista (1940-1944) y los dos gobiernos auténticos siguientes (1944-1952) mantuvieron la oportunista postura de no intromisión en los asuntos de la España franquista.

No se entiende entonces, que los únicos que se movilicen en España, hoy día, son los que defienden al gobierno dictatorial en contraste con la absoluta pasividad y abulia de aquellos ciudadanos que se dicen demócratas, que no han movido ni un solo dedo para apoyar a los demócratas cubanos, especialmente aquellos, como Víctor Manuel y Ana Belén, entre otros, que en su momento iban a cantar gratis a Cuba, y no son capaces de organizar ni un solo concierto de solidaridad con los demócratas cubanos. ¿Será que creen que con firmar la carta “Yo Acuso al Gobierno Cubano” ya tienen sus conciencias tranquilas? ¿Por qué la sociedad civil española se cruza de brazos y se mantiene ajena e insensible ante las flagrantes violaciones a los derechos humanos que están ocurriendo en Cuba? ¿Qué tiene que pasar para que el pueblo español tome conciencia plena de que debe, con su actitud y presencia, apoyar la lucha por el respeto estricto de los derechos humanos, pilares de la democracia española que hoy todos disfrutan?

Miles de veces he oído hablar de las simpatías de los españoles por el pueblo cubano, pero no veo que esas simpatías sirven hoy de mucho para apoyar una causa justa, como es la que libran muchos cubanos demócratas contra un gobierno que viola 20 de los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. ¿Cómo puede entenderse? Los demócratas cubanos no necesitan dinero, necesitan el apoyo incondicional del pueblo español que puede expresarse de mil maneras, desde manifestaciones pacíficas, hasta conciertos gratuitos de apoyo a la democracia que pueden hacer varios músicos españoles y cubanos en conjunto. ¿Por qué no se hace? Los cubanos demócratas no podemos comprender, bajo ningún concepto, ni el silencio, ni la abulia, ni la pasividad, ni la complacencia con que la sociedad española, que defiende los principios democráticos y el respeto estricto y escrupuloso de los derechos humanos, nos ningunea. ¡Tomad conciencia de una vez, y no nos dejen solos, por favor!

jueves, 1 de abril de 2010

Las Políticas de Presión vs. la Diplomacia Correcta

En mi opinión, se debería tender a una diplomacia de triple vía. Por una parte España y la UE deberían comenzar, a través de su diplomacia con los Estados Unidos, intentar que se levante el embargo en su totalidad porque este no tiene razón de ser. El conflicto entre la clase política estadounidense y el gobierno cubano ha hecho difícil ubicar el debate central entre el Estado y la sociedad, porque el conflicto endógeno cubano es constantemente desplazado hacia el conflicto con los Estados Unidos. Así, el gobierno cubano instrumentaliza el discurso duro y la política del embargo de los EEUU como justificación de su inmovilidad política, utilizando el diferendo como arma arrojadiza contra cualquier intento de democratizar al país. Es por eso que Cuba tiene una defensa antidemocrática formidable para países que quieran deslegitimar todo esfuerzo democratizador: un "enemigo" externo que es, además, el principal actor geopolítico en el escenario mundial. Si los Estados Unidos llegan a comprender la importancia de que marcar el inicio de su retirada como actor externo del conflicto cubano, evaporaría al "enemigo" y dejaría al conflicto cubano endógeno expuesto en toda su dimensión y, posicionándose fuera del mismo se convertiría en un actor internacional importantísimo a favor de la democratización. Lo mismo pasa con la Posición Común, como instrumento de presión. Creo que la política de España y la UE con Cuba, debería contar con dos fases:


1ª Fase: Una política de doble vía, dialogando extensamente con el gobierno cubano, para que ratifique los tratados en materia de derechos y libertades fundamentales, y con la oposición democrática cubana, dejando claro al gobierno de Raúl Castro que se persigue abiertamente la democratización de la Isla y la defensa estricta y escrupulosa de los derechos humanos, pilares de la democracia española y de la UE.


2ª Fase: Intentar que los actores internacionales lleguen a un acuerdo con el gobierno cubano para propiciar un encuentro entre este y la oposición interna en Cuba, para lograr una transición por pacto.


Parece más facil de decir que de lograr, pero en esa dirección debe ir la cosa. Una transición por traspaso no es posible. La oposición presenta dilemas que le impiden presionar en la dirección de un posible traspaso, porque no representa alternativas políticas sociológicamente importantes ni utiliza un lenguaje de inserción social que la comunique con los sectores más dinámicos de la sociedad cubana, aquellos que podrían responder ante un llamado de este tipo. Por reemplazo tampoco, pues éste presupone la quiebra de la clase política cubana, y no es el caso.


Con independencia de los deseos, la transición en Cuba empieza como reforma para terminar eventualmente como pacto. No cabe otra. Y eso presupone una disidencia interna fuerte y unida, habiendo trabajado en la eliminación de sus dilemas y debilidades, y madurando políticamente.

martes, 12 de agosto de 2008

Raúl Castro y el Conflicto en Osetia del Sur

El problema de Osetia no es nuevo y tiene sus raíces bien hundidas en su pasado. Su territorio se encuentra dividido en Osetia del Norte, que pertenece a Rusia, y Osetia del Sur, que pertenece a Georgia. Pese a que desde el desmembramiento de la U.R.S.S. los separatistas de Osetia del Sur quieren lograr la unificación con Osetia del Norte, anexándose a su vez a Rusia, el gobierno de Georgia insiste en que cualquier pacto, tratado o guerra para lograr tal fin es anticonstitucional por violar la integridad territorial del país. Ha habido ya dos guerras que han fijado la naturaleza del conflicto que hoy vivimos, la de 1991 y la segunda en 1992.
Aún así, el origen del conflicto que hoy vivimos viene de Stalin, quien convierte a Osetia del Sur, habitada mayormente por osetos, en Región Autónoma de la República Socialista Soviética de Georgia y le añade la vecina llanura, con la ciudad de Tsjinval, habitada principalmente por georgianos, que aún viven ahí y que, por sentirse georgianos siempre se opondrán a la secesión de esta pequeña república autónoma y tampoco aprobarán su anexión a Rusia.
Después de la guerra de 1992, el Tratado de Dagomis establece la presencia de fuerzas de paz del ejército ruso, que no es casualidad, aunque el ejército separatista se rearmó y estas fuerzas "de paz" no impidieron que esto sucediera. En 1996, la población oseta de Osetia del Sur celebró elecciones presidenciales, contando con la oposición del gobierno georgiano, pero con la vista gorda del ejército de paz ruso. El 12 de noviembre de 2006 se celebró un referéndum, que no ha sido reconocido por Georgia, con un 91% de participación, donde el 99% de los votantes se decidió por la independencia de Georgia, la unificación con Osetia del Norte y, por tanto, la anexión a Rusia.
La tensión en la región, que se acumulaba durante meses, y el afán de Georgia de poner fin inmediato a la independencia de facto de las repúblicas separatistas de Osetia del Sur y Abjasia, como requisitos para entrar en la OTAN, desencadenó en la madrugada del 7 al 8 de agosto último una guerra con Osetia del Sur y las fuerzas de paz de Rusia, apostadas en este pequeño territorio desde el Tratado de Dagomis en 1992.
Ahora Raúl Castro acusa de 'invasor' al gobierno georgiano, por intentar poner fin con la independencia de facto de Osetia del Sur, que es parte integrante de Georgia y que, dicho sea de paso, aún no ha sido reconocida su independencia por ningún país de la comunidad internacional. Curiosamente Raúl Castro ha repetido casi las mismas palabras que Vladimir Putin, mientras que Georgia acusa a Rusia de incentivar el separatismo. Realmente, y hablando en plata, a Rusia le resulta inconveniente la entrada de Georgia en la OTAN, para frenar el avance de la misma a sus fronteras, teniendo en cuenta que los tres países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, son ya parte de este tratado trasatlántico, además de Polonia, Eslovaquia, Chequia, Rumanía y Bulgaria, que antes fueran países aliados de la U.R.S.S., además de la cercanía de éstos a sus fronteras y, por tanto, también la OTAN.
Ahora bien, el hecho de que Raúl Castro asevere que Georgia está en complicidad con el gobierno de Estados Unidos, puede deberse a que este país caucásico, para entrar en la OTAN debería terminar con los conflictos separatistas dentro de su territorio, pero han decidido solucionar el problema militarmente, llevando la guerra a una región desgastada por los enfrentamientos y la depresión económica, en los que una pequeña chispa se puede convertir, en cuestión de meses, en un serio conflicto internacional. Esto, políticamente, favorece a Rusia, pues Georgia habría podido solucionar estos problemas a través del diálogo, de otro tratado con Rusia, y dándole una autonomía con todas las garantías a Osetia del Sur y a Abjasia, la otra región separatista, ayudando a levantar la economía en las regiones, garantizando el desarrollo de sus culturas, idiomas, educación y derechos humanos.
Hay que decir que osetos y abjacios tienen su propia identidad nacional, con una cultura propia, con lengua, literatura y tradiciones y merecen ser respetadas en lo que son, cosa que ninguno los gobiernos georgianos han sabido respetar. Tampoco lo ha hecho Rusia, y ahí tienen el conflicto de Chechenia para probarlo.
Analizando estos hechos a la luz de lo que Cuba hace con su propio pueblo, no debe a nadie extrañar que adopte la arribista posición política a la que nos tiene a todos acostumbrados.

jueves, 8 de mayo de 2008

Cuba: Violación de los Derechos Humanos

Derechos humanos violados sistemáticamente por el gobierno cubano:

1. El derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica.
2. El derecho a que nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.
3. El derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oído públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra uno en materia penal.
4. El derecho de toda persona acusada de delito a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa. Este precepto ha sido sistemáticamente violado con respecto a los presos políticos en la primavera de 2003, y por eso luchan las llamadas Damas de Blanco, y en muchos casos más.
5. Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques. Ya sabemos cuántas injerencias arbitrarias ha realizado el gobierno cubano contra gente inocente.
6. El derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
7. El derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país. Esto sin trabas de ninguna índole, ni económicas, ni políticas, ni administrativas, por ningún gobierno, claro está.
8. A nadie se privará arbitrariamente del derecho a cambiar de nacionalidad.
9. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.
10. El derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
11. El derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas, que incluye el derecho a no ser obligado a pertenecer a una asociación bajo condición implícita de perder otros derechos.
12. El derecho de todos a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos. Quiere decir, libremente escogidos, que no necesariamente tienen que ser del partido comunista o afines al gobierno cubano.
13. El derecho de todos al accceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país, sin que en ello medien intereses políticos.
14. El derecho de todos a fundar sindicatos independientes y a sindicarse para la defensa de sus intereses.
15. El derecho a que la educación tenga por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales.
16. El derecho preferente de los padres a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.
17. El derecho de todos a que se establezca un orden social en el que los derechos y libertades proclamados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos se hagan plenamente efectivos.
18. Estos derechos y libertades mencionados arriba no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas, como suele hacer el gobierno cubano.
19. No podrá interpretarse, la Declaración de Derechos Humanos, en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión o limitación de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.
Y, por supuesto:
20. El derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que ampare contra actos que violen los derechos fundamentales amparados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los pactos que hace poco el gobierno cubano firmó.

lunes, 14 de enero de 2008

¿Racismo?

Personalmente nunca he entendido el racismo. Ni de niño. Afortunadamente tengo una madre maravillosa que desde niño me enseñó a no hacer diferencias de ninguna clase cuando se trata de seres humanos. De niño, me sentó en las piernas de Bola de Nieve, a quien quise desde que le ví, y le oí tocar su piano y cantar, maravillado. De niño, me rodeó de seres humanos de todos los colores, clases, virtudes y defectos. Nunca escuché a mi madre decir una frase malsonante en referencia al color o la clase de nadie y me enseñó a ver en el interior de las personas como son, sin prejuicio alguno. En mi misma familia, mi bisabuela, blanca, se casó dos veces: con blanco y negro. Tengo una familia muy armónica, donde blancos, negros, mulatos, en fin, seres humanos, nos reuníamos alrededor de una mesa a compartir animadamente una agradable velada. Cuando iba a dormir, lo mismo me arrullaba mi abuela blanca, que mi tía-abuela negra. Nunca hice distinción, y adoraba a ambas por igual.

A Cuba le queda mucho camino. Tanto para abolir el racismo, como el machismo, además de la misoginia y la homofobia, la hijas mayores de este último. El igualitarismo gubernamental, pese a su vocación de distribuir la riqueza (¿pobreza?) por igual, y sus logros sociales, no ha logrado mermar estos tres males nacionales, quizá por no tener vocación ni visión política para ello, o por estar demasiado ocupado en controlarlo todo. Y esa debe ser una de las tareas primordiales de la democracia cubana, cuando ésta sea viable.

En los Estados Unidos hay canales de televisión por y para los negros, u otros grupos humanos, entre otras muchas cosas, porque tampoco han solucionado el problema y porque la televisión estadounidense no ha querido reflejar la diversidad del país por igual en todos los medios. Que conste, no me opongo a que los negros, o las mujeres o los homosexuales, o los grupos humanos que así lo deseen tengan sus propios medios. Me parece, además, sano y positivo, pero que se haga extensivo y exclusivo, divide a la sociedad y agrava el problema, pues no habría un diálogo que incluya o acoja a toda la sociedad cubana, que es una sola.

Siempre he pensado que lo que nos une es que todos somos hijos de esta hermosa isla en medio del Caribe. A nivel personal es poco importante que el cubano que me cruzo en la calle tenga más o menos melanina en su piel, sea mujer, hombre, y si esta mujer u hombre son, o no, homosexuales. Cuando me encuentro a un/a cubano/a en la calle, y nos reconocemos, siempre hay una sonrisa, un "hola" y una complicidad a prueba de bala.

Cuba tiene una diversidad envidiable que yo no cambiaría por nada del mundo: descendientes de españoles, africanos, franceses, italianos, árabes, chinos, polacos, judíos, ingleses, jamaicanos, haitianos, yucatecos, y hasta de la madre del cordero. Somos un maravilloso crisol, y me cago en la pureza de las razas, que me parecen de lo más aburrido, monótono y soso. Y nuestro problema racial, machista y homofóbico debe comenzar a solucionarse desde nosotros mismos, desde nuestros hogares, inculcándo a nuestros hijos una educación humana y cabal, y luego podremos llevarlo a los gobiernos que constituyamos, como ciudadanos de una Cuba democrática, con plena y total responsabilidad. Os conmino a reflexionar.

Discontinuidad Constitucional en Cuba

A lo largo de nuestra República, e incluso antes de su proclamación, los cubanos hemos padecido más discontinuidad constitucional que una continuidad coherente. El triunfo de los ideales e intereses independentistas desde 1868, cuando comenzó nuestra primera guerra de independencia, se vio bajo el ámbito constitucional de las constituciones mambisas: la de Guáimaro (1869), la de Baraguá (1878), la de Jimaguayú (1895) y la de La Yaya (1897). La intervención de los Estados Unidos en la Guerra de Independencia cubana, precipitó una serie de prerrogativas constitucionales de la última constitución mambisa, y en 1898 se convocó una asamblea prevista por el artículo 40 de esta constitución, que se vio coartada, y finalmente fracasó, porque el poder lo ostentaba de facto el ejército ocupacionista estadounidense, y porque los cubanos no teníamos fuerza, ya no moral, sino material para imponer decisiones. Así, Cuba pasaría un período de constitucionalismo múltiple en el que rigieron tres constituciones y dos gobiernos con instrucciones provisionales: la Constitución de la Yaya, para las zonas ocupadas por el ejército independentista cubano, la Constitución Autonómica recién otorgada a Cuba en 1897, bastante tarde, para aquellas regiones en que aún dominaba el gobierno y el ejército español, el Régimen Constitucional provisional del General Leonard Wood en Santiago de Cuba, el gobierno civil establecido en La Habana por Brook y las Instrucciones Suplementarias dictadas por el presidente de los Estados Unidos McKinley, aunque esta situación prevaleció hasta la firma del Tratado de París, el 10 de diciembre de 1898, ratificado en abril de 1899. A partir del 1 de enero de 1899, Cuba pasó a ser gobernada por un régimen de facto bajo la soberana voluntad del gobernador estadounidense en La Habana. Para la redacción de la primera constitución republicana tuvo lugar un conflicto entre los que opinaban que la Constitución de la República debería o no incluir las futuras relaciones entre el gobierno de Cuba y los Estados Unidos. Una parte en desacuerdo argumentaba que las relaciones de la República naciente con los Estados Unidos o cualquier otro gobierno no era materia constitucional, sino de tratados ulteriores, mientras que la otra parte argüía que se debería incluir por la urgencia de acortar la ocupación. Amén de otras irregularidades jurídicas en que se desarrolló la Constitución de 1901, la república nació truncada por una la Enmienda Platt aprobada, curiosamente, por el Congreso de los Estados Unidos. Durante la República Plattista el problema de las irregularidades jurídicas no fue resuelto, lo que el país se vio avocado a situaciones de emergencia en varias ocasiones: en 1906, que derrocó a Tomás Estrada Palma y trajo como consecuencia la segunda ocupación estadounidense, en 1912 contra el gobierno del General Gómez que tuvo su origen en una sublevación de carácter racial, en 1917 contra la reelección de Menocal, en 1923 contra Alfredo Zayas. “En 1928 - nos dice Beatriz Bernal - bajo la dictadura de Gerardo Machado, se votó un proyecto de reforma constitucional y se convocó a elecciones constituyentes. De ahí surgió una Convención que, violando el artículo 115 de la Carta Magna de 1901, se declaró soberana, cosa que le estaba prohibida dado que dicho artículo sólo le permitía la aprobación o el rechazo de la reforma acordada por ambas cámaras. Sin embargo, la Convención de 1928 siguió adelante y redactó una nueva constitución que tuvo como puntos álgidos la prohibición de formar nuevos partidos políticos, y sobre todo aumentar el periodo de la presidencia de la República de 4 a 6 años y permitir la reelección del presidente. Gerardo Machado reformaba el texto constitucional con el fin de perpetuarse en el poder. La Constitución de 1928 fue, sin lugar a dudas, el caldo de cultivo de la revolución de 1933, que dio al traste con el gobierno del dictador." [1] Esta situación de impunidad del Machadato violó, además, la igualdad ante la ley – presupuesto básico de la democracia constitucional – y generó la última discontinuidad constitucional, desencadenando una guerra civil, la llamada revolución de 1933. Como puede observarse, la emergencia es uno de los estados disruptores del orden constitucional, y la revolución del 33 interrumpió el decursar de la primera república y de su ámbito constitucional de manera intermitente hasta que estuvo aprobada la constitución de 1940, y establecida la segunda república.

La nueva constitución y el nuevo sistema jurídico forman, consecuentemente, un nuevo marco legal que, en mayor o menor medida, se diferencia del marco legal precedente. Este nuevo escenario supone una ruptura normativa con el pasado legal y político y permite aplicar nuevos principios legales incluso a los hechos pasados que, respecto del futuro, se definen como actos criminales. Esto se explica pues, en el momento en que se produce una discontinuidad, la orientación prospectiva de la regulación legal es imposible sin una consideración histórica que atienda a la búsqueda de la justicia respecto al pasado, hecho que se repite con la revolución de 1959 aunque de forma aún más irregular, pues el gobierno actual interpreta a la historia, quiere decir, la transforma a su favor para conseguir una legitimación que, aunque le sea inherente, la sitúa directamente en el centro mismo de ese decursar histórico-jurídico que reúne las aspiraciones de todo un pueblo, manipulando y tergiversando hechos históricos, e incluso la promesa de restaurar el orden constitucional de 1940 y con él la democracia. Toda revolución contiene un elemento de discontinuidad política y jurídica, y la de 1933 que estableció la constitución de 1940, y 1959 que cambió el orden republicano para siempre, estableciendo un sistema político ajeno al devenir histórico de nuestro país, no son la excepción.

El rompimiento de la estabilidad y continuidad constitucional de la revolución de 1933, trajo consigo continuas transformaciones políticas y constitucionales en un momento en el que el desarrollo de un nuevo Derecho Constitucional rompe en algunos tópicos con el Derecho Constitucional clásico. Al mismo tiempo, la aparición de nuevos partidos políticos y de una amplia gama de divisiones de opinión sociopolítica hace que surja una aspiración creciente a la convocatoria a una Asamblea Constituyente y, por ende, a una nueva Constitución para el país.[2]

La Constitución de 1940 está, desde luego, más cercana a la socialdemocracia, matizada por la salvaguarda de los derechos individuales y la búsqueda de garantías para la realización de esos derechos y sus aspiraciones sociales, que al liberalismo español del Siglo XIX, el autonomismo criollo y la filosofía política estadounidense que tanto influyeron en la redacción de la Constitución de 1901. [3] De hecho, la constitución de 1940 era mucho más evolucionada desde el punto de vista jurídico y democrático que la de 1901, e incluía los conceptos de “una justicia social, un nacionalismo reformador, con aspiraciones de reformas sociales y económicas, economía dirigida, función social de la propiedad, protección social y educación cívico-militar, con acento en la enseñanza cívica rural." [4]

Reconozco que la constitución de 1940, en su momento, y por la influencia política-social de las personas que en Asamblea Constituyente, fue lo mejor de nuestro pensamiento nacional, tanto por el espacio que dio a las libertades individuales, como por la justicia social, el bienestar económico y solidaridad en ella implícitos. Incluso su influjo alcanza hasta el primer día de 1959 y la formación del primer gabinete del gobierno de Manuel Urrutia Lleó, aunque había sido interrumpida para siempre su continuidad legal el 10 de marzo de 1952 con el golpe de estado de Fulgencio Batista y Zaldívar. Fue la influencia de Fidel Castro y Ernesto Guevara la que va a dar al traste con la influencia este orden constitucional y su renuencia a seguirlo, como era la aspiración de la gran mayoría de los compatriotas que lucharon contra la dictadura de Batista. Ambos, Fidel Castro y Fulgencio Batista, tienen en común la negación del precepto constitucional de 1940 que afirma la igualdad de los cubanos ante la ley y para el disfrute de las libertades políticas y el bienestar individual y colectivo, al crear ambos un gobierno de facto y no de derecho. Aunque el gobierno de Fidel Castro no hubiese derogado la constitución de 1940, ésta no ha vuelto a estar nunca más vigente en el país, y dejó de ser legal en 1976 con la nueva constitución, aprobada en referendo por el pueblo cubano. Toda revolución contiene elementos de discontinuidad política y jurídica y la que culminó en 1959 no es, precisamente, una excepción.

Por otra parte, aunque la Constitución de 1940 ha sido lo mejor que ha tenido el país, como reconozco anteriormente, tiene en su contra su prolijidad. Mons. Carlos Manuel de Céspedes nos aclara que este exceso “se explica por la situación política anterior: los constituyentes de 1940 quisieron evitar a toda costa las quiebras en el Estado de derecho del período anterior y entendieron que una constitución minuciosa podría ayudar a consolidar la democracia. Los hechos posteriores nos han demostrado con creces que para constituir un Estado de derecho estable y congregante, se requiere un buen texto constitucional, pero que el texto solo no es suficiente garantía. La calidad ética de las personas, de manera especial de los gestores de la cosa pública, es el factor definitorio de la buena marcha de la República por el sendero, eso sí, que les traza el texto constitucional. Si la eticidad se deteriora, la de «los políticos» y la del pueblo, el texto es letra muerta." [5]

La constitución de 1976 es partidista, tiene poca visión democrática, y no estuvo redactada por una asamblea constituyente llamada a ese propósito por todas las fuerzas políticas del país, pero está refrendada por el pueblo cubano. En mi humilde opinión creo que volver al ámbito constitucional de 1940 arrastraría los errores y vicios que este tiene y creo que el tiempo en el que vivimos tiene suficientes avances en derechos humanos y teoría constitucional para, cuando Cuba esté en período de transición a una democracia, se llame a crear una asamblea constituyente donde se redacte una constitución del siglo XXI en la que quepan las aspiraciones de todos los cubanos y lo mejor nuestro quehacer nacional.

[1] Beatriz Bernal, Estudio histórico-jurídico de la Constitución de 1901, Revista Encuentro de la Cultura Cubana, número 24, primavera 2002.

[2] Ver Mons. Carlos Manuel de Céspedes, Aproximación a la Constitución de 1940, publicado en la Revista Encuentro de la Cultura Cubana , número 24 primavera de 200, Dossier: El estado de Derecho, Pág. 173; y Dr. Enrique Hernández Corujo, Historia Constitucional de Cuba, tomo II, página 159, La Habana, 1960.

[3] Ibidem.

[4] Ibidem.

[5] Ibidem.

sábado, 12 de enero de 2008

Neo-anexionismo

Esta mañana me he encontrado con un compatriota en el metro. Sin conocernos de nada, iba de un inmaculado blanco, gorro de invierno incluido, por lo que deduje, y acerté, que era un cubano a todas luces: se había hecho santo. Sin pensármelo mucho le saludé y revelé mi procedencia, que es la suya, y nos dispusimos a conversar amigablemente, trayendo a colación el tema de la “confederación de naciones” entre Cuba y la Venezuela Chavista. Cuando le pregunto su opinión al respecto, para mi más absoluto asombro, me dice tranquilamente que es mejor así, puesto que de esta manera se tendrían que abrir las fronteras, con lo que los cubanos podrían viajar a Venezuela sin restricciones y así mejorar su situación económica personal. Me quedé mudo. Y como creo que, desgraciadamente, una gran parte de los cubanos de la isla piensa así, me doy plenamente cuenta de que Cuba no tiene proyecto como nación. Tanto a nivel gubernamental como personal, nos vendemos al mejor postor para adquirir, ya sea petrodólares o pacotilla, y el proyecto nacional del que tanto hablaron Félix Varela, José de la Luz y Caballero y José Martí, entre otros, después de casi dos siglos no sirve para nada.

Es una enorme pena que se hable de anexiones con la facilidad con que nos aseamos cada mañana. Traigo a la memoria histórica de los cubanos que las luchas por la independencia fueron llevadas a cabo para ver a Cuba libre, independiente y soberana, como mismo la revolución de 1933 acabó con la República Plattista, e instauró la segunda república bajo los auspicios de la Constitución de 1940, más democrática, pero que continuó con la dependencia económica a los Estados Unidos, y con la ya acostumbrada corrupción administrativa. La república falló en permitirle a Batista su golpe de estado, la oposición falló en llevar al país al ámbito constitucional entre los años 1953 y 1956, con lo que la lucha armada fue la única alternativa, y el gobierno liberal de principios de 1959 falló junto con otros factores, entre ellos los Estados Unidos, de llevar la revolución por el camino institucional que la Constitución de 1940 aportaba, aunque deshaciéndonos de la ingerencia económica estadounidense de una vez por todas, gradualmente, para permitir la indemnización sin ahogar la economía cubana y permitir la diversificación necesaria y adecuada de los intereses económicos de la nación. Nada de esto se hizo. Y ya sabemos todos a dónde ha llevado al país los experimentos, el voluntarismo, las soluciones provisionales, el triunfalismo y las ideas descabelladas de un país que ha ido cada vez más al garete.

Después de una historia llena de luchas por lograr la independencia política y económica, ahora se vuelve a hablar de anexionismo. Siempre que el país tiene problemas de algún tipo, se recurre sin fallar al anexionismo, ya sean los intereses de la oligarquía cubana en la época colonial, como hoy la debacle económica, cuando la posible solución es una democracia donde se haga valer el imperio de la ley, liberando y democratizando también económicamente el país para sus ciudadanos, que sean dueños de su economía y la elección democrática de unos eficaces, transparentes, incorruptos gobernantes, que logren sacar a Cuba del barro, y hacerla verdaderamente independiente y soberana, para alejar de una vez por todas, y para siempre, el fantasma vil del anexionismo. ¿Qué clase de vende-patria somos que apelamos al nacionalismo cuando nos conviene, y corremos a abrazar al anexionismo cuando la cosa no va bien? Y es bastante sospechoso que el gobierno cubano, que ha mantenido durante tantos años un discurso nacionalista, habiendo fallado en darle una coherencia económica que encumbre nuestra soberanía y asegure nuestra independencia, recurra al anexionismo bajo la sospechosa confederación de naciones que pone en peligro nuestra soberanía e independencia, sólo por no llevar al país por el camino que debería ir.

Es la sociedad civil cubana quien debe denunciar al gobierno, sin cejar en esfuerzos, el peligro a que la nación está avocada, y con ella todos los cubanos, y no parar de luchar hasta conseguir la transición a la democracia que Cuba necesita. El gobierno cubano ha dejado de ser, hace mucho, garante de la independencia y soberanía del país, y ha llevado al país a la dependencia económica y a la debacle, así que legítimamente no tiene el derecho de seguir gobernando.

Jueves, 25 de octubre de 2007.

Cuba: Una Transición Movimiento

Después de la noticia de la cesión temporal de poderes de Fidel Castro a su hermano Raúl, se ha desatado la especulación sobre el futuro de Cuba y una posible transición hacia la democracia. Para todos los cubanos, y los no cubanos interesados, debemos centrarnos un poco más en la historia de Cuba y saber como hemos llegado hasta aquí y algunos por qué de la realidad cubana. Estoy un poco cansado de oír y leer opiniones con los mismos viejos argumentos tanto dentro de la isla como en el exilio. Hay que aclarar que Cuba lleva más de 200 años de transición a una república democrática y jamás hemos abandonado el ideal que se gestó desde el Padre Varela y por el que más tarde se inició la lucha por la independencia. Después que se aprobó el Tratado de Paris en 1898, una vez terminada la guerra hispano-cubano-americana, (nótese que en París sólo se reunieron España y los Estados Unidos y que ningún líder cubano fue jamás invitado), Cuba tuvo casi inmediatamente una intervención militar estadounidense hasta 1902, que volvió a repetirse más tarde de 1906 a 1909. Y para cuando se aprobó la primera constitución en 1901, el Congreso de los Estados Unidos, curiosamente, aprueba una ¡Enmienda Platt a nuestra constitución nacional! En ella, se adjudicaron el derecho de intervenir en los asuntos del país cuando les viniera en gana, así como el derecho de arrendar tierras para minas carboneras y bases navales. El gobernador estadounidense, General Leonard Wood dejó muy claro en 1902, que era preferible aceptar una independencia con restricciones que perpetuar la ocupación militar. Así, después de varias votaciones en contra por parte de la asamblea constituyente cubana, se vota a favor, porque no nos quedaba más remedio si queríamos poner fin a la onerosa ocupación. Para más INRI, los presidentes de la República de Cuba, con honrosas excepciones, durante los siguientes 50 años no hicieron más que pelearse como buitres para quedarse con el botín, el tesoro público. Hay que decir, además, que los Estados Unidos llegó a controlar económicamente el 90% de las minas cubanas, el 80% de los servicios públicos, el 50% de los ferrocarriles, el 40% de la producción de azúcar y el 25% de los depósitos y transacciones bancarias, además de que el resto de los bienes iban a parar al bolsillo de los políticos y a la oligarquía financiera cubana. Cuando en junio de 1952, el pueblo cubano, ya harto, parecía que iba a votar a uno de los pocos partidos que denunciaba los desmanes y males de la República y a sus ladrones, y pretendía cambiar la situación, (el Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo), Fulgencio Batista da un golpe de estado en marzo de 1952, antes de que se celebraran las elecciones, arrebatando la valiosa oportunidad que el pueblo cubano tenía. Batista suspendió las garantías fundamentales de la Constitución de 1940, y estableció una de las más sangrientas dictaduras que Cuba conoció. En 1956 comenzó la guerra civil, la revolución, en la que, tenedlo bien claro, todo el pueblo de Cuba, y no sólo Fidel Castro, luchó para poder cambiar la situación desesperada en que vivía el país. Al triunfo de la revolución, el 1 de enero de 1959, Fidel Castro tomó medidas urgentes que el país necesitaba, pero, todo hay que decirlo, acusó y excluyó a todo aquel que tenía diferente opinión política respecto a lo que él creía que debería ser la nueva república, lejana al principal motivo de lucha de muchos cubanos demócratas por restituir una república democrática, alejando la corrupción y los males que azotaron a las dos primeras repúblicas, y deshacernos de una vez por todas de la onerosa ingerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos del país. Hay que decir que el gobierno de Fidel Castro logró alejar con creces la influencia estadounidense, está más que claro, y establecer un sistema de educación y de sanidad pública, junto a un paquete de leyes sociales que cambiaron la realidad cubana positivamente. Tampoco debemos olvidar todas las violaciones a los derechos humanos y a los derechos y libertades fundamentales que sistemáticamente ha sido la tónica del gobierno actual. Debemos decir también que la reacción de los Estados Unidos a la pérdida de sus intereses económicos en la isla, fue establecer el embargo que ha padecido el país durante los últimos 47 años, y la oposición en el exilio cuya presión, que no fue nada conciliadora sino bastante agresiva, hicieron que el pueblo cubano pasara penurias, y que el gobierno revolucionario recrudeciera en muchísimas ocasiones la ya penosa situación, tomando medidas represivas a toda voz que denunciara sus arbitrariedades. Cuba vivió varias cacerías de brujas contra poetas, periodistas y escritores por atreverse a denunciar sistemáticamente estas arbitrariedades, sumado a los juicios sumarísimos, mal preparados, y sin tiempo a reunirse las pruebas necesarias. O sea, el gobierno denuncia, y el gobierno provee abogados, que no tienen ningún tiempo para preparar un juicio decente, para que defiendan a sus propios acusados, que no tienen ninguna oportunidad de ser absueltos y que desde el principio están ya condenados. Por mucho que el gobierno lo niegue, hay más de trescientos presos de conciencia. A todo esto, una parte de los que conforman la oposición en el exilio sigue echando más leña al fuego y se oponen vehementemente a que los Estados Unidos levanten el embargo económico más largo de la historia, cuando ya está más que comprobado que a los únicos que afecta es a la totalidad del pueblo cubano, que no a su gobierno, y está más que claro que el gobierno cubano no renunciará precisamente por el embargo, aunque este dure mil años. En el gobierno de los Estados Unidos ha habido, y hay personas e instituciones que han pedido a su gobierno que levante el embargo pero, una vez más, el lobby del exilio, y su peso electoral presiona para que el gobierno estadounidense siga con el embargo en pie. Es hora que el exilio cubano piense en tomar la iniciativa de la reconciliación nacional, que se sepa que muchos han dado ya este paso, si es que quieren realmente un cambio democrático en Cuba. Deberían pedirle al gobierno de los Estados Unidos que levante el embargo, al tiempo que se trabaje profundamente para la reconciliación nacional entre todos los cubanos, haciendo a un lado su odio ancestral, y acercándose a sus hermanos, padres, hijos, tíos, sobrinos y primos que viven del otro lado del Estrecho de la Florida. Así el gobierno cubano no tendrá ya más motivos para seguir utilizando la misma política desde hace 47 años. Por su parte el gobierno de los Estados Unidos, debe buscar a partir de ese momento acercar posiciones y reanudar relaciones normales con el gobierno de Cuba, sin interferir en el diálogo, ni en el posible proceso de democratización que Cuba debería seguir. Y cuando este proceso comience, no valen juicios sumarísimos ni licencia de tres días para matar, como piden algunos. Si queremos construir una verdadera democracia deben hacerse valer, desde el mismo instante en que comience el proceso, el estado de derecho y el imperio de la ley, sino estaremos luchando por una democracia durante otros cien años más, cargando por más tiempo la vergüenza y la profunda tristeza por no haberlo conseguido.